Alégrense siempre en el Señor
El 4 de febrero de 2023, en Limassol, después de tres años de suspensión debido a la pandemia, vivimos el primer encuentro de todas las religiosas de Chipre.
Para pasar una jornada dedicada a la vida consagrada, en la Casa provincial han llegado las hermanas de las diversas congregaciones presentes en la isla. Quien dirigió el encuentro fue el padre Marco Riva, asistente eclesiástico de la Unión de las Religiosas de Tierra Santa - USRTS, venido de Jerusalén. La jornada comenzó con una calurosa bienvenida por parte de la Superiora provincial, sor Antonia Piripitsi, presidenta de la Unión de las Religiosas de Chipre y con la presentación de las nuevas hermanas que componen las diferentes comunidades.
El padre Marco Riva ofreció a las participantes una reflexión detallada sobre la Carta a los Filipenses y sobre todo sobre la exhortación final a la alegría en el capítulo 4: "Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense" (v.4). Por eso, el ponente nos invita a una primera actitud: 'permanecer' en el Señor, presupuesto esencial de la alegría que hace bien a la vida de la persona y de la comunidad: "Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca" (v.5).
A la pregunta - ¿A nosotras, consagradas, hoy, ¿Qué quiere decirnos la Carta a los Filipenses? - el padre Marco Riva sugiere algunas invitaciones importantísimas.
La primera invitación es permanecer firmes. Una cosa es segura: el Señor. Por lo tanto, permanecemos firmes, si construimos sobre la roca. Entonces, ¿en qué roca basamos nuestra vida personal y comunitaria?
La segunda invitación es llevarse bien. Esto significa colaborar en el anuncio del Evangelio; colaborar con Cristo, con los hermanos y con la creación. Pablo nos propone el modo de vivir de la Iglesia: hacer las cosas juntos, no solos. Es necesario colaborar, acogiendo las diferencias, porque éstas abren a la comunión, a la confrontación y al diálogo.
La tercera invitación es cuidar las relaciones. Es importante hacernos amables y dignos de afecto. Es importante ser testigos cualificados ante el mundo (cf. Flp. 3,17).
La cuarta invitación es mejorar la calidad de nuestra vida con las personas que nos rodean, compartiendo la experiencia de Jesús y enriqueciéndose de toda cultura en lo verdadero, en lo bello, en lo justo. "En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos" (v.8).
"Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense". El último desafío es el de la alegría. El mundo necesita personas significativas que renueven su alegría en cada circunstancia y etapa de la vida. Sotolinea el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium: "Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo" (n.6).
Por lo tanto, a nosotros el compromiso de fundar nuestra fe en la roca que es Cristo. Preguntas de fondo:
- ¿Cómo trabajar en nosotros mismos para hacernos amables?
- ¿Cómo entrenarse para una convivencia fraterna de comunión?
- ¿Qué formación continua se nos pide hoy?
- ¿Cómo asumir los sentimientos de Cristo a nivel personal y fraterno?
- ¿Cómo vivir la unidad en el discurso intercultural e intergeneracional?
Tres puntos cardinales:
- Discernir y entender la realidad.
- Es posible estar juntos.
- Recorrer juntos los caminos.
En un segundo momento, el padre Marco nos ilustro la situación de la Iglesia y de las Órdenes religiosas en Tierra Santa. Subrayó sobre todo que el camino sinodal ha favorecido la reanudación de los programas de la Unión. Los últimos datos estadísticos revelan que las comunidades religiosas son menos numerosas y que las dificultades en la gestión de las obras son ya evidentes. Por eso, la formación de los laicos es una urgencia prioritaria. En cambio, están aumentando las comunidades de las nuevas formas de vida consagrada y esto revela cómo el cambio de época, también en perspectiva de la fe, se convierte en tiempo de florecimiento. En estos últimos días, ha vuelto la tensión alta entre Israel y Palestina con una serie de ataques y violencias recíprocas. Estamos invitadas a rezar e implorar la paz por los pueblos de Tierra Santa.
La solemne celebración litúrgica de la fiesta de la Presentación del Señor recogió todas las intenciones y súplicas de las hermanas presentes. Dos aspectos esenciales fueron subrayados por el padre Marcos durante la homilía. El rito de la presentación de Jesús hace presente la redención y responde a la espera del pueblo. Con Jesús, pues, nace una nueva realidad con la que confrontarse. En esta luz, también la Vida consagrada es respuesta al proyecto divino que debe llevarse a cabo. El cumplimiento está confiado a nuestra vida, a nuestras manos, a nuestra llamada. De aquí brota toda la riqueza de los diversos carismas en la Iglesia. Otro elemento sustancial es la presencia de los dos ancianos, Simeón y Ana. Con ellos la antigua alianza deja espacio a la nueva alianza. Por eso, los carismas particulares en la Iglesia son expresión visible de la novedad del Evangelio. Nuestra Vida consagrada es nueva cuando:
- alimentamos una mirada nueva,
- desarrollamos una nueva capacidad para discernir la realidad,
- Hagamos algo nuevo que, en la plenitud de los tiempos, será cumplido.
La invitación para nosotras, mujeres consagradas, es estar presentes en el mundo como signo del proyecto de Dios que camina hacia su cumplimiento.
Todas las participantes quedaron satisfechas y compartieron algunas reflexiones conmovedoras que ayudan al crecimiento recíproco de las fraternidades y de la Iglesia local en la que estamos llamadas a testimoniar el Evangelio en novedad de vida.
El almuerzo fue otro momento fraterno y motivo de alabanza y agradecimiento por el don de la vida de sor Antonia Piripitsi, superiora provincial. Damos gracias al Señor por habernos reunido en la alegría y en la comunión de vida y caminamos con valentía poniendo a disposición todos los dones y talentos.

