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El educador franciscano: hacer de la inclusión una expresión de amor

El educador franciscano: hacer de la inclusión una expresión de amor

El artículo que comparte hoy la provincia latinoamericana “San Antonio” es un sencillo y sentido homenaje a una educadora de un colegio de Chile, que pasó entre nosotros haciendo el bien, un rayo de luz fugaz, que ahora, por la misericordia de Dios, nos ilumina desde el cielo.

Ser educador es una de las labores más nobles y desinteresadas que existen. Un educador, no sólo debe entregar instrucción y conocimientos del mundo a sus estudiantes, también es una labor de entrega y sacrificio, en la que se debe abordar distintos ámbitos de la vida de los jóvenes y niños que buscan y necesitan recibir una educación integral, poniendo énfasis en el desarrollo de la espiritualidad y el amor como forma de vida, los cuales se demuestran a través de la acción y el trabajo diario. En la experiencia de San Francisco de Asís, la verdadera enseñanza que transmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.

Pero es necesario tener en cuenta que no todos los estudiantes tienen las mismas necesidades ni la misma forma de aprender, sentir y vivir la espiritualidad, por lo tanto, el educador, a través del amor, jugará un rol fundamental al momento de desarrollar estas habilidades. En entornos adversos, el amor es el motor para lograr una inclusión real en un mundo lleno de diversidad. Con la mirada de San Francisco, Dios creó a todas las criaturas con amor y bondad, grandes, pequeñas, con forma humana o animal todos son hijos del Padre y fue tan perfecto en su creación que dio a cada uno su propio entorno y a sus animales un hogar lleno de arroyos, árboles y prados hermosos como el propio paraíso. La creación de Dios es tan perfecta, que nos hizo a todos distintos y ahí radica la riqueza de la vida.

Es este amor el que día a día se vive en los colegios franciscanos del mundo y son muchos los ejemplos que podemos encontrar de profesores excepcionales, que han hecho del amor y la inclusión una forma de vida, demostrando con sus actos y en la relación con sus estudiantes que, con trabajo duro y dedicación, se pueden conseguir grandes cosas, ejemplificando lo dicho por Paulo Freire “La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”.

Uno de estos ejemplos es Claudia Calderón, educadora diferencial, quien trabajó durante 4 años en el Colegio Santa María de los Ángeles, perteneciente a la Fundación Educacional Laura Leroux, de Santiago de Chile, y que forma parte de la Congregación de las Religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón, quien recientemente ha partido al encuentro con Dios luego de una triste enfermedad. Ella fue un ejemplo de entrega y compromiso con el aprendizaje de sus estudiantes, pero también una muestra viviente de la pedagogía franciscana, de cómo el amor puede transformar el mundo y hacer crecer frutos incluso en situaciones donde el apoyo familiar no es el esperado.

Claudia se destacó por ser una mujer positiva como ninguna otra, alegre, comprometida y optimista hasta sus últimos días, una luchadora innata. Trabajó constantemente con aquellos estudiantes que presentaban mayores dificultades dentro de la clase y mantuvo un contacto sincero y fluido con las familias de éstos, con el fin de lograr resultados reales y que fuesen realmente incluidos con el resto de sus compañeros. Hizo del amor su herramienta de trabajo y sembró la semilla del respeto y el cariño en los corazones de sus estudiantes, apoderados y compañeros de trabajo. Ofreció su ayuda desinteresada a los profesores que necesitaban un apoyo para trabajar con algunos estudiantes y no dudó en pedirla cuando ella lo necesitaba, demostrando su humildad tanto profesional como personalmente.

Así como Claudia, existen muchos ejemplos de maestros que hacen de su trabajo una expresión de amor y que luchan diariamente para que aquellos estudiantes que tienen necesidades especiales, puedan vivir sin miedos dentro de una sociedad que muchas veces les es adversa y les pone dificultades, en vez de darles el apoyo que necesitan para ser felices. Después de todo, como dijo el Papa Francisco: “En el principio está el Amor, el amor de Dios. Todo lo que es vida, todo lo bello, lo bueno y lo verdadero viene de allí, de Dios que es amor, como del corazón y del seno de una madre nace la vida humana, y como Jesús, Amor hecho carne, nació del corazón y del seno de una Madre”.