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ESTO ES LO QUE YO QUIERO Y HE BUSCADO…

ESTO ES LO QUE YO QUIERO Y HE BUSCADO…

Un gran acontecimiento, revestido de alegría, verdad, esperanza, paz, fe, amor, resplandece en la parroquia Virgen del Carmen, Cuzco, Perú, LA CONSAGRACIÓN DEFINITIVA Y PERPETUA A DIOS, de dos jóvenes de esa generosa tierra. Incomprensible a los ojos humanos que carecen de fe, los votos perpetuos de sor Judith Mercado y de sor Paola Cascamayta, dos jóvenes hermanas que se entregan para siempre a Dios en la iglesia en una congregación religiosa, las religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón.

Ser religiosa, es una cuestión de amor. Dios elige y llama, a través de la vida, a hombres y a mujeres a consagrarse a Él. Es la fe vivida en la familia, en la parroquia, en el colegio, la que permite descubrir este llamado. La vida religiosa supone una conversión: amar a Dios por sobre todas las cosas y amarlo en el prójimo. Los pilares de esta vida son: la oración, la vida sacramental, el servicio, la vida fraterna. En general, después de tres años de formación, la joven, se consagra a Dios por un año, acontecimiento que renueva durante cinco años. Esta consagración es posible, porque Dios da el don de vivirlo en libertad, desprendimiento, alegría. Terminado este tiempo se da el paso definitivo: La profesión perpetua, la consagración definitiva a Dios en una familia religiosa. Es la entrega total a través de los votos de obediencia, pobreza y castidad, de Sor María Judith Mercado Sarmiento del Espíritu Santo y Sor María Paola Cascamayta Cabrera de Jesús Buen Pastor.

Esta celebración ha estado presidida por Monseñor Richard Daniel Alarcón Urrutia, arzobispo del Cusco concelebrada por Monseñor Lizardo Estrada, obispo auxiliar del Cusco, padre Fredy Mesa párroco de la parroquia Virgen del Carmen y sacerdotes diocesanos y agustinos. La Superiora provincial sor Alejandra Vallejos Araya, delegada de la Superiora general, recibió los votos de las hermanas, acompañada de las religiosas presentes.

La celebración festiva es colmada de alegría por la presencia de las familias de las jóvenes, de sus amigos y amigas. Para tan gran acontecimiento eclesial, congregacional y familiar, se elige una fecha significativa, en esta oportunidad, el día 19 de marzo, solemnidad de san José, casto guardián de la Virgen, patrono de las vocaciones, protector de la santa iglesia… uno de los santos protectores de la Congregación. Monseñor Richard hace énfasis en practicar las virtudes del santo protector San José a quien encomienda el cuidado de la vocación de las hermanas y de cada uno de los consagrados.

También, Monseñor Richard ha recordado che san Francisco de Asís, ha descubierto su vocación a partir de la escucha de la palabra de Dios que lo llevó a vivir el desprendimiento  y dar sus bienes a los pobres “anda vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres” “Esto es lo que yo quiero y he buscado por esto voy a ser feliz” y de haber escuchado al crucifijo de san Damián quien le dice “Francisco ve y repara mi Iglesia”  y él acoge esta palabra y se pone a reparar la Iglesia de San Damián, después entiende que su trabajo es espiritual. Francisco descubre el secreto de la vida evangélica y por esto deja por escrito en su regla a todos sus seguidores: “La vida y regla de los hermanos menores será vivir el santo Evangelio en pobreza, obediencia y castidad”.

De esta manera, se testimonia frente a la Iglesia, a la Congregación y a la comunidad parroquial reunida, la infinita belleza de la consagración en el seguimiento de Cristo pobre y crucificado, con la entrega definitiva y generosa de sus vidas a Cristo el Divino Esposo.

Todo religioso /a es consagrado y se consagra para ser feliz, la felicidad evangélica, siguiendo a Jesús, asumiendo la vida con sus dificultades y tropiezos, poniendo la mirada, con esperanza, en la fidelidad de Dios, viviendo la alegría, característica propia de la familia franciscana. Así como San José: no tengas miedo, no desconfíes, confía en la divina Providencia.

La superiora provincial, sor Alejandra Vallejos Araya, enfatiza conmovida, la gratitud a Dios, a los celebrantes, hermanas, a todos los presentes y en particular las familias de las hermanas que non solo ocupan un puesto importante, sino que la misión de padres permanece en el tiempo: seguir animando y acompañando con la oración a sus hijas. Como signo de gratitud y presencia de Dios en cada familia de las hermanas festejadas, sor Alejandra hace entrega de la Sagrada Escritura a los padres de sor Judith y sor Paola.

Como este es un acontecimiento congregacional, toda la familia religiosa se hace presente en el saludo de la Superiora general, sor Paola Dotto, que, ante la imposibilidad de hacerse presente, envía parabienes en forma escrita.

Deseamos a las hermanas festejadas de ser un signo de esperanza e de reflejar la luz de Cristo como misionarias del Sagrado Corazón con el estilo de San Francisco.

FELICIDADES HERMANAS JUDIT Y PAOLA
QUE POR GRACIA DE DIOS SUS VIDAS SEAN UNA BENDICION


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