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"HAGAMOS EL BIEN A TODOS"

"HAGAMOS EL BIEN A TODOS"

El Papa Francisco en uno de sus mensajes dijo: "No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos los frutos, si no nos rendimos. Mientras tengamos la oportunidad, hagamos siempre el bien a todos" (Ga. 6;9-10).

La Iglesia en los diferentes tiempos litúrgicos nos ofrece oportunidades para nuestro crecimiento espiritual y para retomar el camino de nuestra vida, no solo para que dirijamos nuestros corazones y nuestras mentes hacia Dios, sino también la importancia de reconocer, con los ojos de Cristo, que estamos llamados a ser imagen y semejanza de Dios no solo personalmente, sino también como pueblo.

Nuestro espíritu franciscano de minoridad nos pide ser pobres entre los pobres. Los pobres están en todas partes: pobres en las diversas condiciones de vida social, económica, política, religiosa. Además, los pobres y los débiles, presentes entre nosotros, no siempre llaman nuestra atención y no le brindamos nuestro tiempo.

Respondiendo a la invitación de la Iglesia de cuidar y acercarnos con mayor atención a los pobres y necesitados, hemos tomado un tiempo para las visitas a los ancianos, los enfermos, necesitados y, en particular, a nuestros hermanos pigmeos. Les hemos dedicado un poco de tiempo para escucharlos, compartir alimentos, ofrecerles ropa y medicamentos.

Visitar a los pigmeos es una experiencia muy especial, son muy simples, acogedores y alegres, no hay necesidad de darles mucho para que sean felices, También con cada pequeño gesto que ilumina sus rostros y manifiestan una alegría contagiosa que solo puede brotar de la paz interior. Carecen de todo lo que es material; duermen en el piso desnudo en sus cabañas y son simplemente felices cuando encuentran comida para el día. No se preocupan por el mañana: a cada día su fatiga.

¡Los Bantou son muy generosos y agradecidos! Uno de ellos nos sorprendió mientras corría a recoger los plátanos para donárnoslo, agradeciéndonos por haber venido a visitarlos. No se quedó con los plátanos, que sin duda eran todo lo que tenían para comer en los días siguientes, pero nos dio todo sin dudarlo y sabiendo que no lo necesitábamos, tuvimos que aceptar para darles la satisfacción de habernos ofrecido algo: ¡Hay más alegría en dar que en recibir! Esto nos queda como una gran lección de vida.