«MISIONERAS DE ESPERANZA»
La Casa de Reposo "San José" en Le Mans - Francia tiene la característica de ser un punto de encuentro para las personas mayores, donde la acogida y el ambiente familiar, hacen comprender que las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón realizamos nuestro servicio apostólico con espíritu de minorita y alegría franciscana.
¡La casa tiene un hermoso parque donde la belleza y el silencio llaman al descanso y la serenidad! Tanto el entorno externo como el interior ayudan a construir vínculos significativos entre nosotros y las personas mayores y también entre los huéspedes. Uno de los objetivos de la casa de acogida es precisamente devolver la confianza a los ancianos ofreciéndoles nuestra presencia fraterna y de escucha, para que puedan recuperar su dignidad y la alegría de vivir. También nos comprometemos a estimularlos en el plano físico, espiritual y fisiológico.
En ausencia de relaciones humanas significativas, los ancianos tienden a encerrarse en sí mismos. Necesitan reconocimiento y signos de afecto que también ellos manifiestan de una manera u otra. Nosotros damos esperanza para seguir viviendo respetando, sus sentimientos, sus costumbres, sus ritos, de este modo nosotros somos «portadores de esperanza y de alegría» en su vida cotidiana. Con la sonrisa y la risa se comparte algo de lo que nace una complicidad y se difunde el buen humor, la alegría, la comprensión recíproca.
Animando varios talleres como por ejemplo: «curación de los traumas», somos testigos de la obra que Dios realiza en cada uno de ellos. Compartimos con sus familias los acontecimientos más significativos. Estamos llamadas a ser "Misioneros de esperanza" - con el Papa Francisco - porque ningún mal es infinito, ninguna noche sin fin y ningún odio puede prevalecer sobre el amor».
El Papa Francisco afirma la importancia de los ancianos y da un ejemplo para todos nosotros: "Son esos preciosos trozos de pan que han quedado sobre la mesa de nuestra vida, que todavía pueden alimentarnos y esparcir un agradable perfume que quizás hemos perdido es el agradable olor de la memoria. Los abuelos y los ancianos son el pan que alimenta nuestra vida.

