"Nada dispone el Señor, que no sea para nuestro mayor bien" (Ven. P. Gregorio OFM)
A finales del verano de 1859, en Venecia, al padre Gregorio se le presenta una propuesta, nada previsible, a través del encuentro de una mujer en busca de Dios. Es una joven francesa, Laura Leroux. Vestida de religiosa, le pide escuchala primero como simple penitente, luego como alma deseosa de dirección espiritual, y finalmente pide su ayuda para fundar un instituto religioso. Padre Gregorio, ante esta propuesta, se siente desconcertado. La señora Laura Leroux está casada con el duque Ruggero de Bauffremont, de quien tuvo una hija, Elena María. El padre Gregorio sabrá que la señora Leroux, separada de su marido y de su hija, había dejado París y Francia y había bajado a Roma, persiguiendo de nuevo el sueño de entregarse a Dios. Con tanta confianza en Dios, el padre Gregorio comprende que su camino de santidad se realiza precisamente junto y a través de esta persona. En la escurridiza personalidad de la mujer lee el nuevo código con el que Dios le interpela y el imperativo de dejarse guiar por Él en absoluta obediencia y confianza hacia quien lo representa. Junto a la señora duquesa - desde el 27 de mayo de 1860, que se ha convertido en miembro profesa de la Tercera Orden franciscana con el nombre de Sor M. Josefa de Jesús - se compromete totalmente, como corresponsable directo, a la realización del programa compartido, a única gloria de Dios... (Cfr. M. Antonietta Pozzebon “ Il Servo di Dio Padre Gregorio Fioravanti, ofm “, Editrice VELAR, 2012)

