Image
Image
Image
Image
VIVIR EL PRESENTE CON CONFIANZA EN MINORIDAD Y ALEGRÍA

VIVIR EL PRESENTE CON CONFIANZA EN MINORIDAD Y ALEGRÍA

¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién podrá estar en su lugar santo? (cf. Salmo 23). Los Ejercicios espirituales que hemos vivido en la Casa provincial en Limassol del 3 al 7 de enero, junto con las hermanas de las diversas comunidades de la Provincia, han sido instrumento útil y tiempo precioso de coloquio con Dios, a la escucha de Su Palabra.

Fuimos acompañadas por el padre Daris Schiopetto, ofm quien, introduciendo el Salmo 23, nos invitó a dejar atrás la lógica del mundo, a 'entrar' en el nuevo día y 'quedarse' para respirar la lógica del cielo, leer la vida con los ojos de Dios y llegar a ser familiares de Dios.

En este tiempo, el verbo sembrar suena en particular. Sembrar, sinónimo de restaurar, es un verbo querido para nuestra identidad franciscana. El relator profundizó el verbo en la parábola del sembrador en los Evangelios (cfr. Mt 13, 1-23; Mc 4,1-20; Lc 8,4-15), en los Escritos de San Francisco y en las Orientaciones del XVI Capítulo provincial.

La primera perspectiva es la de la confianza. El sembrador siembra la semilla y la encomienda a Dios. En el acto de sembrar, el hombre es colaborador de Dios: aprende a sembrar, a defender el territorio, a convivir con los vecinos. Sembrar en la historia del hombre, por lo tanto, crea un verdadero cambio de civilización.

Pregunta de fondo. Nosotros, consagrados, ¿cómo podemos proponernos en esta sociedad líquida, ¿cómo podemos seguir al Señor? Con el Papa Francisco la Iglesia responde a la nueva evangelización. Subraya el Pontífice en la Evangelii Gaudium al n.33: La pastoral en clave misionera exige abandonar el cómodo criterio pastoral del "se ha hecho siempre así". Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades.

Otra perspectiva importante es volver a la Palabra de Dios y existir en ella, es decir, dejarnos amar por Dios. Exhorta Francisco de Asís en la Regla señalada en el cap.6: Y dondequiera que estén y se encuentren los frailes, que se muestren familiares entre ellos. Y cada uno manifieste con confianza al otro sus necesidades, "porque si la madre alimenta y ama a su hijo carnal, ¿con cuánto más afecto uno debe amar y alimentar a su hermano espiritual? "

La Palabra necesita la mano del sembrador, cae en el suelo y con humildad crea la historia, indica el camino, explota en la vida, custodia la belleza. La forma de vida de los hermanos y hermanas de la Tercera Orden Regular de San Francisco es esta: observar el santo evangelio de nuestro Señor Jesucristo (Regla TOR).

En tercer lugar, la Palabra es garantía de la Providencia de Dios. La semilla tiene algunas características:

  • Propaga la especie (Dios da con abundancia).
  • Sobrevive en condiciones desfavorables (necesita tiempo).
  • Es capaz de quedarse quieto (permanece inmóvil cuando faltan las condiciones necesarias).

"He aquí, el sembrador salió a sembrar" (Mt.13, 3). Centremos nuestra atención en algunas características del sembrador:

  • Opera en la naturalidad de las cosas, en lo cotidiano.
  • Sale con alegría. Evangeliza en la calle, acoge a todos.
  • Siembra también en la Iglesia, en la comunidad, en la sociedad, en el mundo para hacer la voluntad del Padre: "Mi alimento es hacer la voluntad de quien me ha enviado" (Jn. 4,34).
  • Siembra con alegría, a pesar de las adversidades y las circunstancias: "Si sufrimos con paciencia y alegría pensando en las penas de Cristo bendito y que solo por su amor es necesario soportar, querido hermano León, anota que en esto está la perfecta alegría" (Fioretti, cap.XIII).
  • Obra en la sinergia de la Trinidad (el Padre prepara el terreno, el Hijo siembra, el Espíritu Santo hace fructificar la semilla).
  • Actúa con humildad. Se deja llevar.

Pregunta de fondo. ¿Qué significa hacer la voluntad del Padre, en mi vida, en la fraternidad, en la sociedad? "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 56).

En un segundo momento, el padre Daris reflexionó sobre el tema de la escucha. Cinco son los lugares de la escucha:

  • La propia sensibilidad. Es necesario dejarla a un lado para no distorsionar la Palabra.
  • El hábito. La Palabra debe ser acogida con intensidad no por hábito.
  • Las expectativas personales (le digo a la Palabra lo que yo quiero).
  • El corazón. La Palabra se acoge en un corazón purificado.
  • El silencio. La Palabra se acoge en el silencio.

El camino tiene un fuerte valor educativo como lugar de encuentro, de intercambio, de respeto recíproco, de reglas civiles, de relación. La carretera es también lugar de degradación, de contaminación. En esta dinámica de factores, la Palabra desciende y solo si se custodia, fructifica: "María guardaba todas estas cosas en su corazón" (Lc 2, 51).

Pregunta de fondo. ¿De qué modo baja la Palabra en mi vida, en la familia religiosa, en la Iglesia?

La purificación del suelo es otro componente muy importante. Explica Benedicto XVI en Deus caritas est al n.5: Sí, el eros quiere levantarnos «en éxtasis» hacia lo Divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por esto requiere un camino de ascenso, de renuncias, de purificaciones y de curaciones. En la parábola, la semilla está llamada a perseverar en las pruebas que son esencialmente tres:

  • La inconstancia. La Palabra invita a una relación con Dios constante.
  • La tribulación (trillar). Tiene por objeto separar lo bueno de lo malo.
  • La persecución: estrechamente ligada a la fe. "Si alguien quiere venir detrás de mí, reniegue de sí mismo, tome su cruz todos los días y sígame". (Lc 9,23)

Las espinas de la parábola (atracciones, seducciones, pasiones, tentaciones), tienen una intensidad fortísima sobre la persona y pueden conducir a la muerte y a la desgracia de los que morirán en los pecados mortales (Cántico de las criaturas). Allanar el terreno para hacerlo bueno y fértil es nuestra tarea primaria. Para Francisco de Asís los hermanos son la Palabra que hay que acoger. En María, el “Poverello” encuentra el modelo para acoger la Palabra, custodiarla y realizarla en la vida.

Ave, su vestimento. Revestirse de la Palabra

Ave, su sierva. Servir a la Palabra

... Ave, su Madre. Engendrar la Palabra en la vida

Al final de los ejercicios espirituales, el padre Daris nos confía tres palabras clave: corazón íntegro, custodiar, perseverar. "Bienaventurados los que custodian la Palabra de Dios con corazón íntegro y bueno y producen fruto con perseverancia" (cf. Lc 8, 15).

Durante estos días hemos escuchado la Palabra en la Escritura, la hemos meditado y celebrado en la Eucaristía y la vemos encarnada en mil gestos, palabras y reflexiones. Revistámonos pues de la Palabra, guardémosla para que brote en nuestra vida y dé frutos, ahora el ciento, ahora el sesenta, ahora el treinta. "Duerma o vele, de noche o de día, la semilla brota y crece; como él mismo no lo sabe" (Mc 4,27).